La Poesía, El Dolor

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Pienso que cualquier persona que haya tenido una experiencia radical de dolor o sufrimiento, sabe que hay algunas cosas que jamás van a acceder a las palabras. El que sufre está expulsado del mundo, el tema es que cuando puedes decir: sufro, en ese momento empiezas a incorporarte al mundo. Pero la palabra dolor no alcanza a llegar ni siquiera al umbral de la palabra dolor.

Eso es el infierno de toda literatura, de toda poesía, ese dolor que ni siquiera alcanza a nombrarse como dolor.

La poesía tiene que ver más con el ahogo de lo que no se alcanza a decir que con lo que se dice, como esa experiencia radical de amor en que tú te quedas abrazado, pegado, fundido con el otro y esto excede a todo, incluso a lo sexual pero que no se puede expresar con palabras. Hablamos porque estamos separados. El lenguaje es lo que cubre la separación de los seres humanos. Entonces la poesía es el intento más vasto, y tal vez, más desesperado por decir con palabras de este mundo cosas que ya están fuera de las palabras. Esa experiencia extrema del dolor o esa experiencia casi absoluta del amor, eso no le pertenece al lenguaje, está fuera del lenguaje.

Si algo uno tiene que aprender leyendo el Antiguo Testamento o a Homero, a quienes vuelvo permanentemente, es que existe una dimensión colectiva en el dolor. En Homero la primera palabra en La Iliada es cólera (Cólera canta oh diosa, del Pélida Aquiles…), ese es el primer poema de lo que llama Occidente, y cuando uno lee y ve esa palabra cólera y percibe que nunca se ha salido de ahí. Es más, creo que cuando uno escribe se suspende la vida, pero curiosamente también se suspende la muerte. En el mismo instante en que tú estás escribiendo es el mismo instante en que está escribiendo Homero, Shakespeare, Isaías o Neruda. La poesía no existe sino es poesía contemporánea. Por eso no importa eso de que si es religioso o si es político, porque creo que todos escriben en el mismo instante, eso es lo que otros llaman las influencias. En definitiva todos son destellos de este mar u océano general del habla.

La historia del arte es la historia oficial del dolor, de lo contable de él. Sin dolor no hay arte. Es la fisura a través de la cual emerge lo expresable, si no hay herida no hay expresión. Eso es así, pero el deber de lo humano es la felicidad, no el arte. En otras palabras, el deber de lo humano es persistir en la construcción colectiva del paraíso aunque todas las evidencias nos indiquen que ese propósito es una demencia. Porque el dolor en sí es una estrella negra, ninguna luz sale de allí. Cualquiera que haya tenido una experiencia real de dolor, la muerte de un hijo o la experiencia del abandono o de la extrema soledad por dar ejemplos a la mano, sabe que hay cosas que jamás accederán a las palabras. Tus llantos o tus gritos en ese instante son para nadie y no escuchas tampoco nada, ningún consuelo, ninguna palabra de aliento. El dolor te expulsa del mundo y cuando ya al menos, aunque sea sólo para ti, dices “sufro” es que has decidido reintegrarte al mundo, esto es al lenguaje.

La última línea que publicó Borges es impresionante. Es el último verso del último poema del libro en Los conjurados. El poema se refiere a Cristo en la cruz que es impresionante y su última frase es: “no importa que él sufra si yo sufro ahora”. En realidad todo Borges esta sintetizado en esa frase y mi admiración hacia su obra es, cómo decirlo, una admiración fría. Las infinitas catástrofes, los infinitos dolores, pérdidas, abandonos, nos dan una dimensión absolutamente sobrecogedora, la dimensión de la existencia, pero el fin del arte es el fin del dolor. Los que anuncian el fin inminente de la poesía están equivocados, pero la razón es dura: mientras haya un solo ser humano desdichado la poesía continuará siendo el arte del futuro.

Toda obra de arte, sea lo que sea y toque el tema que toque, sea cual sea el género, está diciendo no fuimos felices porque si hubiéramos sido felices todo esto no habría sido posible. La historia del arte es la historia de la desventura humana. Si hubiese sido una aventura feliz, el arte no existiría. Entonces la historia del arte es la historia del dolor. Eso no significa que no pueda existir un arte feliz, pero la alegría angélica no necesita ser retratada más que en la alegría.

Hay un mito mapuche, una historia de creación mapuche que dice estaba Ngenechén solo y se sintió solo. Se preguntó por qué, y entonces mandó una parte de sí mismo para que hiciera el mundo, un hijo. Lo tiró con mucha fuerza por lo que al chocar con el agua de la oscuridad se desmayó. No creó nada porque estaba aturdido. Entonces Ngenechén mandó a su mujer, que en el fondo era otra partición de sí mismo, para que despertara al hijo y pudieran hacer el mundo. La mujer primero le despertó la frente y formó el cielo y las estrellas. Después le fue despertando los brazos y de esos brazos se formaron las cordilleras. Lo iba despertando parte por parte, y con las partes que le iba despertando se iban creando los peces, el agua, todo. Pero se le olvidó despertarle el corazón. Entonces el corazón se despertó solo, medio atontado y de allí nació el hombre que es lo último que nació. Por eso no entiende, porque llegó tarde, y por eso está condenado al pensamiento y le teme a la muerte. Es el eslabón más bajo de la creación.

Entonces, los grandes poemas de la felicidad siempre han sido permanentemente desmentidos, pero algunos vuelven a un algo maravilloso pues son apuestas por la felicidad. El arte, en ese sentido, es el preservativo del dolor.

(de un libro recopilatorio de entrevistas de Raúl Zurita que estoy armando)
Publicado 7th July 2013 por Héctor Hernández Montecinos

Héctor Hernández Montecinos
About Héctor Hernández Montecinos
Ha sido señalado como “el poeta más influyente de la última generación en Chile y una figura central del actual escenario lírico en América Latina” (La Hora, Guatemala), “uno de los vates más sobresalientes de la lírica contemporánea de Chile” (Reforma, México), “su obra parece destinada a ser símbolo de su generación” (La prensa gráfica, El Salvador), “uno de los poetas chilenos más voceados en la última década” (El Comercio, Perú), “una de las voces más interesantes no solo en su país sino en Hispanoamérica” (La Ventana, Casa de las Américas, Cuba). Recientemente ha sido incluido en el “The Princeton Encyclopedia of Poetry and Poetics".