Perdida en la Traducción

Lost in Translation by LawlietXD

He tenido muchos problemas durante mi vida adulta por cómo me expreso. Siempre he pensado que en cuanto a interacciones sociales y laborales (ojo, no a conversaciones) lo mejor es argumentar y opinar de la forma más concisa posible. Abogo por la economía del lenguaje. No estoy programado para usar diminutivos, ni tres adjetivos cuando puedo usar uno, ni escribir mensajes, tratando de “estimado” o “estimada” a aquellos con quienes he trabajo durante años. Me desespero cuando pregunto a alguien algo puntual y empieza a remontarse en el tiempo para construir una justificación que, por default, cree que su respuesta necesita. Me desespero aún más si esta justificación empieza con ese infame “es que…”

La necesidad de los quiteños —generalizo, obviamente— de elaborar explicaciones para todo es patológica. Se parte de la premisa de que lo que se tiene que decir no complacerá al interlocutor. Se parte de una culpa anticipada, precoz y sin sentido, cuyas raíces serían mejor explicadas por un antropólogo.
Los años me han vuelto inmune a ese virus que hace que muchas personas confundan ser rimbombante con ser amable y usar diminutivos como una demostración de respeto. Obvio, esa inmunidad me convierte en la enferma. En el ser infectado que es percibido como grosero, tosco o prepotente (aunque siempre saludo cuando entro y me despido cuando salgo, aunque siempre digo gracias y por favor). Mi propia familia a veces, en su mente, añade a mis respuestas cortas un tono arrogante o indiferente que no existe. Y estoy consciente de que ese efecto provoco en colegas, amigos y personas que recién conozco. Estoy consciente de que en Quito —de nuevo generalizo— el lenguaje se utiliza menos para informar y comunicar y más para complacer o convencer.

Intrigada por esto y, además, cansada de ser conocida por mis “ladrillazos”, cansada de que la sustancia de lo que digo se pierda por no venir empacada en cajitas de madera perfumada, envueltas en papel de seda, con cinta y lazo de terciopelo, decidí infiltrarme en el mundo de las piruetas verbales.
Los hallazgos han sido interesantes. La actitud de la gente, la respuesta hacia mis correos y palabras, cambió de forma radical. Los pedidos y las preguntas que hago, así como los favores, contienen la misma información de siempre, pero ahora son acogidos sin miradas frías. No me importaba ser vista como una déspota antes, pero me alegra que con el ornamento lingüístico haya conseguido forjar mejores interacciones sociales. Lo que me apena es que una idea o argumento no encuentre eco ni aceptación —y tampoco sea valorada— si no viene dentro de una cajita feliz.

Marcela Ribadeneira
About Marcela Ribadeneira

Marcela Ribadeneira (Quito, 1982) es escritora, editora de la revista Gatopardo Ecuador, crítica de cine y artista visual. Estudió Dirección Cinematográfica en la Scuola Internazionale di Cinema e Televisione (NUCT), en Roma.